Desde Columbia, ciudad del estado
de Missouri, vienen The Hooten Hallers, camorristas del medio oeste americano
que vienen a dar mucha guerra, pero guerra de la buena, de la que incendia
garitos con sus bestiales tonadas destilando aroma a bourbon, ritmo aplastante
y guitarras pantanosas. Te podrían engañar a primera vista, base de blues
académico con el aire influenciado por sonidos propios del honky tonk, pero
rascando muy poquito te das cuenta que todo eso es superfluo. Son auténticos
rockers que elevan su blues a límites insospechados, dejándose la piel y el
alma en cada canción, crudeza y salvajismo a partes iguales para engancharte y
dejarte patidifuso.

Después de algún bootleg en vivo
y radio, se lanzan con su primer larga duración en 2008 “We Have Friends”, al que seguiría en 2009 “The Epic Battle Of Good And Evil”. Durante 2010 vio la luz un álbum
en vivo “Live at Widow’s Peak” y ya
en 2012 nos apabullan con su trabajo “Greetings
From Welp City”, grabado en directo en el estudio y editado por Big Muddy
Records. En todos ellos predomina la variedad de estilos e influencias,
denotando clara predilección por el rhythm & blues clásico, y el blues más
grasiento del Mississippi. Como ellos mismos reconocen, John Lee Hoocker,
Howlin’ Wolf, Fred McDowell, Johnny Paycheck, Georges Jones o Merle Haggard han
sido paradigmas musicales de cabecera desde sus inicios.


“Chillicothe Fireball” (2013) es
su último pepinazo y supone una lógica progresión sobre el anterior de 2012.
Incorporan a la saxofonista Kellie Everett, produciéndose un efecto añejo y a
la vez jovial en el sonido resultante. Se grabó en vivo en el estudio para
intentar capturar la energía que la banda tiene cuando se enfrenta a su
público, consiguiendo el objetivo desde mi punto de vista. Es una clase maestra
del más puro, crudo, pantanoso y bestial blues americano. Guitarras grasientas,
tuba que trae a la memoria el ragtime de Nueva Orleans, una batería salvaje en
su sencillez, saxos barítonos, pianos, pedal steel… un sinfín de sorpresas que
te trasladan a través de territorios desconocidos con una energía brutal. Pero
sobre todo destaca la voz, por su garra y fuerza, escupiendo un trocito de alma
en cada verso. Un aullido cavernoso que convierte cada tema en un himno de
salón lleno de borrachos felices.
La fama de sus explosivos shows
les precede y si nos atenemos a lo escuchado en el último trabajo que traen bajo
el brazo, está la cosa como para que hagas planes… Cita más que recomendada y
si no me crees, me lo cuentas cuando acabe. Martes 23 de junio en Boite Live.
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