Después del conciertazo que se
marcaron el pasado año en El Sol, el listón estaba muy alto. Amados por los
mejores músicos del planeta, por desgracia para ellos y no para nosotros que
podemos disfrutarlos en Salas, los precursores del garage punk a mediados de
los 60’s, siguen sin llegar a los medios mayoritarios y las audiencias
borreguiles. Cómo he dicho antes, mejor para los que todavía se atreven a pagar
una entrada irrisoria por ver a unos dinosaurios de los que se dejan la piel en
el escenario. Y es que un concierto de The
Pretty Things no es moco de pavo. Dos horas intensas cargadas de rhythm
& blues, psicodelia, hard rock y mucho sudor.


Durante la primera parte del
concierto vi a Phil May más cansado
que en su concierto del año pasado, no en vano, un enfisema pulmonar le
acompaña desde hace tiempo y de vez en cuando se tiene que meter un chute de
Ventolín, pero en cuanto calentó, nos olvidamos que nos encontrábamos ante un
señor de 73 años. Lo de su compañero de tropelías a la guitarra sigue siendo de
otra galaxia. El señor Dick Taylor,
que abandonara a aquellos primigenios Stones por verse desplazado al bajo y
porque pensó que eran un poco blandengues, sigue dándole a las seis cuerdas con
la rabia, técnica y buen gusto de sus primeros días.
Tras los temas psicodélicos llegó
el turno del blues y rhythm & blues del que bebieron en sus orígenes. Dick se pertrechó con una vieja
guitarra acústica y un slide, Frank
Holland (el otro guitarrista que se incorporó a la banda a finales de los
80’s) cogió la armónica y Phil se
encargó de derrochar emoción a través de las versiones que realizaron de Bo Diddley y Robert Johnson. El público enmudeció y se dejó llevar por las
orillas del Mississippi. Como guinda, volvieron a los clásicos de los 60’s, “L.S.D.” o “Midnight To Six Man” entre otros, dejando alguna joyita de ese
último trabajo “The Sweet Pretty Things (Are In Bed Now Of
Course)” de 2015 que les tendría que haber reportado una mayor repercusión
por lo de discazo que tiene. En el debe, echamos de menos ese gran pildorazo
que es “Rosalyn” y quizá alguna
tonada del disco “Parachute”, pero en
líneas generales presenciamos un grandísimo repertorio en el que nunca bajaron
la intensidad.
Después de un bis y casi dos horas de concierto, nos dejaron pensando en
la próxima. Porque ver un grupo que es historia viva del rock, que disfruta de
su oficio y que reescribe su leyenda noche tras noche, no es baladí. No me
cansaré de recomendarlos, a día de hoy, un directo memorable.
GRANDIOSO CONCIERTO!!!!
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